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El alcohol que mi hijo no toma

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El alcohol que mi hijo no toma

18.01.10 - 00:59 - J. V. M. M. | ALICANTE.

Los expertos reclaman más atención a los efectos sobre la salud ya que el 40% de adolescentes admite que en el último mes se ha emborrachado. El 67% de los jóvenes ha ido de botellón pero sólo el 6% de los padres lo sabe.

El botellón forma parte de su diversión. Cada fin de semana se reúnen con sus amigos para beber. Normalmente lo hacen en la vía pública, aunque las medidas represivas están provocando que, cada vez más, los adolescentes y los jóvenes sustituyan el parque público por el piso particular o de estudiantes. El incremento de la vigilancia policial y la proliferación de ordenanzas municipales para penalizar el consumo en la calle hacen que el botellón sea menos visible. Pero el fenómeno sigue ahí. Y la problemática derivada del consumo excesivo de alcohol, también.

Los jóvenes practican el botellón y sus padres, en general, no lo saben. Así se desprende de un estudio elaborado por investigadores de las universidades de Alicante, Valencia y Castellón, que revela que sólo el 6,6% de los padres afirman que el consumo de alcohol se encuentra entre las actividades habituales que realiza su hijo los fines de semana. Por contra, casi el 80% afirma que «sale con los amigos», el 71% que ve la televisión y el 55% que usa Internet.

Además, jugar con el ordenador, ir al cine, hacer deporte, leer o ir de excursión son algunas de las actividades que, según los padres, ocupan la mayor parte del tiempo de los jóvenes los sábados y domingos.

Esta percepción de la realidad contrasta con la manifestada por los jóvenes, ya que el 67,8% de ellos reconoce que ha hecho botellón alguna vez. Asimismo, más de la mitad de los adultos -el estudio tomó como muestra a 212 padres con hijos de edades comprendidas entre 12 y 18 años y participaron más de 6.000 jóvenes- aseguran que su hijo no ha bebido nunca, a pesar de que nueve de cada diez adolescentes reconocen haber tomado alcohol durante el último mes.

Además, admiten que este consumo suele ser excesivo, ya que casi la mitad de ellos asegura que ha llegado a emborracharse. Sólo el 10% de los progenitores reconocen haberse dado cuenta. Estos datos ponen de manifiesto que el botellón se practica de forma generalizada, pero la mayoría de los padres desconocen que su hijo participa en él.

El 85% asegura que sabe con quién sale su hijo durante el fin de semana y un 62% dice conocer, con cierta seguridad, dónde va siempre que sale de casa. Frente a esto, casi la mitad de los jóvenes reconocen que sus padres son conocedores de que ellos hacen botellón.

Maite Cortés, profesora de Psicología de la Universitat de València y directora de este estudio, explica que «la sociedad y los medios de comunicación dan prioridad a los efectos sociales del botellón, poniendo el énfasis en las molestias que los jóvenes causan a los vecinos debido al ruido que provoca la aglomeración de personas en la vía pública o la suciedad que se acumula en las calles tras una noche de botellón. Sin embargo, tenemos que atender más a los problemas sanitarios derivados del abuso en el consumo de alcohol».

Los términos más utilizados por los padres para definir el fenómeno del botellón son alcohol, ruido, suciedad, música, descontrol, drogas y peleas. La mayoría de ellos hacen hincapié en los problemas de orden público asociados al botellón. No aparece, sin embargo, referencia alguna a las patologías desencadenadas por el alcohol en niños y adolescentes, como infartos cerebrales, gastritis, arritmias cardíacas, cirrosis o hepatitis alcohólica.

Por supuesto, tampoco parecen ser conscientes de los efectos sobre la maduración del cerebro, como la disminución del rendimiento escolar o la pérdida de memoria. Algo similar ocurre con los jóvenes, que tienen un pobre conocimiento sobre las consecuencias personales derivadas del consumo de alcohol, pero que conocen sobradamente las consecuencias sociales de su ingesta en la vía pública.

Alternativas

Los expertos aseguran que, ante el botellón, las alternativas de ocio que se plantean sólo atienden la problemática social, olvidando la referente a la salud de los jóvenes. Este estudio revela que los padres atribuyen a las administraciones públicas el papel esencial en la planificación de alternativas al botellón, olvidando responsabilidad en la educación de sus hijos.

Así, las tres actuaciones propuestas como prioritarias son la creación de centros de ocio sin alcohol, la organización de charlas informativas para los jóvenes y la adopción de medidas represivas. A continuación proponen una mayor implicación de los padres.

Cortés advierte de «la necesidad de incluir entre las alternativas la formación de los padres, no sólo en comunicación y ocupación del ocio y tiempo libre, sino también es aspectos relacionados con el consumo de alcohol de manera que puedan detectar y afrontar con mayor realidad el consumo de sus hijos».

 

http://www.laverdad.es/alicante/20100118/provincia/alcohol-hijo-toma-20100118.html